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viernes, 9 de enero de 2026

Momentos: México lindo y profundo


 Rotulador, 2026

 Los primeros días del 2006 los pasé en San Diego y el día de Reyes pasamos la frontera, a Tijuana, otro mundo sin duda. Un día antes, un viejo mejicano, con negocio de antiguedades en San Diego, y viejo aficionado taurino con recuerdos de infancia de Manolete en la Monumental de México, me decía que Tijuana no es México, es algo muy turístico, una rara mezcla, pero no es México.

Puede que no, pero yo encontré restos del México profundo en mi viaje de un día por sus calles. Lo primero que llamaba la atención eran los farmaceúticos y mancebos parándote y casi obligándote a entrar en sus negocios para comprar medicinas, mucho más baratas que en USA. Eran tan pesados e insistentes que los jartibles guías de Xaouen y Fez parecían inocentes criaturitas a su lado. Mi suegra se descojonaba al imaginarse al estirado y remilgado farmaceútico de su barrio en esos menesteres de atrapar clientes.

 Pero la imagen más profunda de ese México lindo, la viví en una cutre tasca perdida en un callejón, al lado de un supermercado de donde me escapé un ratito , mientras mi gente compraba roscones de Reyes.

Me apoyé en la vieja barra de madera y pedí un tequila y de momento escuché, con un marcado acento mejicano : ¿ Tequila? ¡¡ Eso son mariconaaaaadaaaaa!!, Aquí los hombres solo beben Mezcal ¡ Ponle Mezcal al chavo !!

La invitación procedía de un viejo arrugado y risueño al que se le veía una pistola saliéndole del bolsillo. Me tomé el mezcal de un trago, dejando en gusano en el fondo ¡¡ Tómate el bicho!!, es lo mejor!!

 No sé si por no desagradar o por el convincente poder del arma, que había sacado y apoyado en la barra, me tragué el animalito empapado de alcohol y me despedí, agradecido y creyendo que al salir del antro, vomitaría. Pero no, me sentó bien y una vez en el supermercado me compré una botella de Mezcal que aún conservo con su gusano intacto. 

 

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